La ruta de Las Brañas, un imprescindible en Aller

Buenas!

El otro día os hablé de una ruta por Bimenes en la que podíamos ver varios molinos, un elemento cultural de la Asturias tradicional. Pues bien, la ruta que os voy a mostrar hoy es mucho mas larga, pero su protagonista también es un clásico de la cultura local; las típicas brañas.

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Las brañas (o majadas, según la zona) son casitas repartidas por el monte que utilizaban los pastores para guardar el ganado durante el frío invierno. Actualmente apenas quedan ya pastores, así que la mayoría de estas construcciones están en desuso. Aún así, ahora forman parte de la cultura y el paisaje asturiano, y algunas están en lugares tan inaccesibles que al verlas es inevitable pensar en la vida que llevarían algunos de nuestros antepasados, pasando días y días en la montaña y en plena soledad.  Bueno, con las vacas…

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En este caso se trata de una ruta que nos lleva por las brañas del concejo de Aller, pasando por ríos, llanuras y bosques. Aviso que esta es bastante larga, de hecho a poco que os paréis os llevará mas de 6 horas completarla. Yo soy de los que se paran mucho, sobre todo para hacer fotos, y aunque traté de caminar deprisa al final la noche se me echó encima. Teniendo en cuenta lo pronto que oscurece ahora mismo, recomiendo empezar a caminar antes de las 11.

Durante el recorrido se pasa por varios tramos bien diferenciados y con paisajes muy diversos. Las dos primeras horas son de subida continua aunque no demasiado dura, hasta llegar a una de las zonas que mas me gustaron, que es la que os muestro en la siguiente foto y donde sucedió algo bastante curioso.

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Como comenté al principio, la mayoría de las brañas ya no se utilizan, sin embargo aquí vi a un hombre, bastante mayor y de aspecto rudo, saliendo de una de ellas. Cuando me vio desde la distancia yo le saludé y el tío pasó de mi. Entonces seguí caminando y me crucé con el, así que volví a saludar y esta vez si me respondió con un vago “hola” que mas bien parecía un gruñido. Yo me quede mirando, le vi marcharse y me fijé en que llevaba una especie de mochila de fabricación casera hecha con piel y pelo de vaca. Vamos, un auténtico señor de las montañas, de esos que ya no quedan. Fue un momento interesante porque de repente me dio la sensación de que entre ese lugar y Gijón había un mundo, y de que aún quedaban cosas “exóticas” por ver en Asturias.

Braña de El Otero
Una de las muchas brañas que veremos durante la ruta.

Eso no fue todo en cuanto a avistamientos pues ese día también tuve suerte con los animales. Cuando pasaba por una zona cercana a un río escuché un ruido y entonces vi a  un zorro escapando, que obviamente me había visto a mi primero. Poco después, en la misma zona vi 2 o 3 ciervos moviéndose entre los árboles. Me encantaría poder hacer buenas fotos de animales en libertad, pero de momento estoy lejos de tener el equipo necesario 😦

A estas alturas la ruta ya me tenía mas que satisfecho, pero aún me esperaban varios regalos para la vista. El siguiente tramo ofrecía unas vistas preciosas de las montañas de Aller mientras se desciende hacia el final de la ruta. La luz de la tarde era una pasada, y la sensación de paz y tranquilidad…que os voy a contar!

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Después de esto y de correr un poco contra el reloj, llegué a una corta pero relajante sección de bosque, que me recordó bastante a El Gumial.  Aquí la luz del sol ya no llegaba y el silencio era casi total, por lo que reinaba un ambiente de misterio que a mi personalmente me mola mucho. Además en esta época del año el suelo está cubierto por una crujiente alfombra de hojas caídas  que le da un toque muy guapo 😀

Tras cruzar el bosque salí de nuevo a una zona mas abierta que ya sería el tramo final. Aquí se veía mas movimiento, se notaba que me acercaba de nuevo a la civilización. Me encontré con varias vacas sueltas por el camino y alguna que otra Braña que parecía puesta ahí para la foto.

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De nuevo me encontré con un zorro que se había metido en campo abierto, y esta vez pude verlo con claridad pues, curiosamente, tardó en detectarme y salir corriendo. Aún así, tampoco pude hacerle una foto, pero creo que a veces es mejor simplemente disfrutar del momento y observar las cosas con los propios ojos.

En este último tramo pude contemplar un bonito atardecer que ponía fin a lo que había sido sin duda un día bien aprovechado. Después me esperaba una hora más de caminata en plena oscuridad y linterna en mano, pues aun cuando se termina la ruta, en Cuevas, quedan varios kilómetros de caminata por carretera hasta Felechosa, donde tenía el coche.

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Llegué muy cansado, pero en la casona El Castañiu me esperaba un merecido y placentero descanso .¿Que no la conocéis? El próximo día os la enseño 😉

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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