Descubriendo la Asturias más profunda con José Díaz.

Ya estoy de vuelta!

Lo primero, pedir disculpas por el abandono que ha sufrido este blog en los últimos meses. La verdad es que debido a temas de trabajo, viajes y otros motivos, apenas he salido a explorar mi tierra en lo que va de año.

Pero no pasa nada, porque para compensarlo hoy vengo con algo potente: la experiencia mas “salvaje” que he tenido en Asturias hasta ahora. 

Debido a un regalo de cumpleaños muy especial (gracias chicas ;-P) he tenido la oportunidad de pasar 3 días en las profundidades del Parque Natural de Redes acompañado de José Diaz: genial fotógrafo de naturaleza,  gran persona y autor, entre otras cosas, del famoso documental “100 días de soledad” que hace no mucho se podía ver en los cines de toda España. Aquí os dejo un enlace al trailer por si aún no lo habéis visto, la verdad es que es una pasada!

Precisamente esa cabaña en la que José pasó sus 100 días en soledad sería nuestra base también en esta ocasión. Una cabaña sin lujos, pero cómoda y acogedora, en la que nada mas entrar se respira ese aire rural que tanto me gusta. Lo mejor, su localización: enclavada en pleno Parque Natural y lejos de carreteras, pueblos y zonas transitadas, rodeada de naturaleza en estado puro.

La Fresnosa

El primer día fue breve, pues llegamos por la tarde al pequeño pueblo de Caleao. Tras tomar un café en casa de Enedina, una vecina de lo mas encantadora, salimos con el 4×4 en dirección a la cabaña. Unas cuantas vacas sueltas nos retrasaron un rato, pues andaban por el medio de la estrecha carretera y no se amedrentaban lo mas mínimo al ver el todoterreno, que avanzaba lentamente. El último tramo hubo que hacerlo a pie pues ya el camino era intransitable, así que cargamos a la espalda con nuestras mochilas y la comida para esos días. Cuando finalmente llegamos, organizamos todo un poco y salimos a dar una vuelta por los bosques cercanos, donde pudimos ver un grupo de jabalíes cuando escapaban de nosotros. Había una luz preciosa, pues los últimos rayos de sol de la tarde se filtraban entre los árboles creando bonitos contraluces. Pronto empecé a hacerme a la idea de lo espectacular que era esta zona de Asturias.

 

 

Por el camino encontramos algún que otro cuerno de ciervo, pues la primavera es la época en la que se les caen para formar otros nuevos. No obstante, no conseguimos tantos como esperábamos. Bueno, para ser justos yo no encontré ni uno. Me pareció realmente difícil diferenciarlos de ramas caídas, sobre todo desde lejos. Sin duda José jugaba con ventaja, pues ya tiene el ojo bien entrenado.

Cornamenta de venado
Algunos lugareños se dedican en primavera a la búsqueda de cuernos que luego venden o utilizan para fabricar utensilios. Uno grande puede valer unos 30€. Lo bueno es que si encuentras uno, es muy probable que el otro ande cerca, pues los venados no aguantan mucho con un solo cuerno sobre su cabeza.

El día siguiente nos despertamos temprano para desayunar y salir pronto a caminar. Porque íbamos a caminar, y mucho! José se mueve por este terreno casi como lo haría un rebeco. Conoce bien Redes y no necesita de mapas o brújulas para orientarse. No vamos por caminos o senderos (aquí casi no los hay) sino que nos adentramos campo a través y hacia zonas altas.  Por suerte estoy en forma y pude seguirle el ritmo…más o menos.

Tras un rato caminando, llegamos a un pequeño risco con unas vistas espectaculares sobre el valle. Es de agradecer que aún queden lugares como este, casi sin tocar por el hombre y tan cerca de casa. Definitivamente, en Asturias tenemos un tesoro.

Más adelante y ya fuera del bosque, pudimos ver al primer grupo de rebecos junto a una pared de roca, que ya se alejaban al detectar nuestra presencia. Daba igual, porque desde ese momento habría tiempo para ver unos cuantos más, e incluso a algunos con sus crías recién nacidas. Esto siempre es buena noticia, pues es sinónimo de que, como decían en Parque Jurásico, “la vida se abre camino” :D. No olvidemos que por aquí estos animales viven bajo la continua amenaza de lobos y cazadores.

En momentos como ese, me arrepiento de no tener un buen teleobjetivo para poder llegar mas lejos. Tengo un 300mm de Tamron pero se queda corto y es muy malo, ni me molesto en sacarlo. Si consigo ahorrar algo, ya se lo que me voy a comprar. Eso si, primero el dron! 😀

Continuamos ascendiendo y llegamos a una zona abierta, donde se empiezan a ver los primeros rastros de nieve contrastando con el verde intenso de la hierba. Aquí y allá se podía ver alguna cabaña abandonada, y todo bañado por una intensa luz que no iba a durar mucho. Me pareció un lugar mágico.

A partir de aquí la cosa se iba a complicar. Ya estábamos a una altura de unos 1400 metros y comenzaba a hacer frío. Además, una densa niebla se aproximaba y aún debíamos ascender otros 400m hasta llegar al punto más alto del recorrido para luego descender por el lado opuesto de la montaña. Decidimos hacer una parada para comer algo y coger fuerzas antes de afrontar esa última subida que prometía ser durilla. Mientras, disfrutamos de unas vistas espectaculares del Parque de Redes.

redes-5-2
Al fondo a la derecha puede verse Caleao, el pequeño pueblo desde el que partimos con el 4×4 hacia la cabaña. ¡No ha estado mal la subida!

Un rato después, cuando quise darme cuenta todo era blanco, y mis botas de hundían en la nieve. Por momentos, lo único que veía era la silueta de José caminando delante mío, pisando con seguridad para evitar caer en algún foso o canal oculto. Asturias me mostraba su cara más salvaje.

Finalmente llegamos a lo alto del monte, estábamos a unos 1800 metros sobre el nivel del mar y no se veía nada de lo que normalmente sería una impactante panorámica de la zona. Ahora tocaba descender, pero tanta nieve y niebla planteaban un problema inesperado. Tuvimos que desviarnos bastante del plan inicial y caminar con cuidado, pues el terreno era resbaladizo. Fue un tramo difícil, pero al final llegamos al lugar deseado donde haríamos una parada para comer y esperar pacientemente a que apareciera algún “bicho”, cosa que no ocurrió. Seguramente, con este frío muchos animales decidan ir en busca de alimento a los bosques, más abajo.

Después emprendimos la vuelta a La Fresnosa. Hacía fresco y yo estaba bastante cansado, pero la atmósfera era de otro mundo y hacia que todo esfuerzo valiera la pena. Obviamente, estas cosas no se pueden observar desde la comodidad del sofá de casa.

 

El último tramo discurrió por la ruta de Los Arrudos, una de las pocas veces que caminamos por por un sendero propiamente dicho. Está bien señalizado y es una buena opción si queréis visitar Redes, pues en realidad muchas zonas por las que yo he pasado son de uso restringido y no se puede andar por allí así como así, sin la supervisión de alguien del Parque. Por el camino vimos varios esqueletos de venados, que habrían sucumbido a las nevadas del duro invierno. Pobres…. :-/

Al fin, tras casi 10 horas, estábamos de vuelta en la cabaña, donde me pegué una ducha de agua helada a la intemperie que me dejó nuevo. Después, a secar junto al fuego, una buena cena y a dormir bajo un silencio total!

Cae la noche en Redes

El ultimo día sería mas corto y no tan intenso. ¡Tampoco estaba el cuerpo para mucho más!  Esta vez atravesamos un precioso bosque donde reinaba la humedad, los árboles crecían con formas extrañas y una neblina cada vez más presente añadía un toque de misterio al entorno. Es uno de los bosques más bonitos que he visto nunca, que incluso me recordó a alguna de las selvas tropicales que he visitado en Indonesia o Malasia. “Muchas zonas de este bosque no han visto pasar a un ser humano en muchos años” decía José, y se notaba que así era.

 

 

Llegamos a una zona alta, donde reinaba el misterio. Solo había niebla y silencio, aunque en teoría estábamos en un lugar en el que la fauna era abundante. Es sorprendente que, con la cantidad de animales que hay en lugares como Redes (sus huellas y marcas están por todas partes), sea tan difícil verlos. Por eso a mi me parece mil veces mas satisfactorio ver a un ciervo corriendo en libertad por el bosque, que a un tigre pasando las horas en Cabarceno. No hay comparación en cuanto a sensaciones.

No muy lejos  de allí se halla una zona donde en ocasiones se han avistado urogallos. No obstante, se trata de una especie muy protegida dado su alto riesgo de extinción, por lo que esta totalmente prohibido acercarse a los lugares en los que habita este animal tan esquivo y tratar de localizarlos sin los debidos permisos.

Niebla en el bosque

El bosque sombrío

A la vuelta, esa niebla nos acompañaría durante un buen rato mientras descendíamos. El ambiente era de película, y aunque mis piernas estaban cansadas, me daba pena que esta pequeña aventura fuese camino de terminar. Habían sido tres días desconectado de tecnologías, ruido, tráfico, contaminación, consumismo, etc. Durante ese tiempo no vi a ninguna otra persona, ni trozos de plástico o basura, solo naturaleza en estado puro. Una vida completamente diferente pero a poco más de una hora de casa.

Tras la comida, las ultimas horas en la cabaña fueron de puro relax, incluso me pegué una buena siesta. Sobre las seis de la tarde tocaba poner fin a esta larga escapada hacia la Asturias más profunda.

La cabaña.

Pero el día aún no había terminado. Ya en Caleao, acompañé a José a Tierra del Agua, donde se proyectaba su película. Un sitio que me pareció una pasada, diseñado con mucho gusto y con un restaurante genial. Mi hermana Susana, que estuvo aquí antes que yo, ya habló de el en su blog. Si tenéis pensado escaparos a redes, esta es una buena opción 😉

Bueno, solo me queda dar las gracias a mis hermanas y mi madre por un regalo tan especial y diferente, y por supuesto a José Diaz que se ha esforzado mucho por enseñarme este rincón de Asturias tan alucinante y que además me ha dado unos cuantos consejos muy valiosos para seguir adelante con la fotografía.

Nos vemos!!

PD: El Domingo 20 de mayo habrá un pase del documental “100 días de soledad” en el Jardín Botánico de Gijón. Jose Diaz estará por allí y seguramente yo también. Os animo a pasaros por allí! 😉

http://www.javisanchezfotografia.es

Web de José Diaz

 

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